El fuerte calor del verano ha propiciado que algunas variedades de uva estén ya a punto, semanas antes de lo habitual, un hecho sin precedentes recientes.
La vendimia ha comenzado. Es un titular que se repite cada año, pero que de forma paulatina se va adelantando en el calendario y que, este año, llega más temprano que nunca. En la Cataluña Central, algunas bodegas ya han empezado a recoger la uva y un buen grupo lo hará esta semana. Comenzar antes con la vendimia es una tendencia que tiene picos, como el de este año. Y es que empezar la vendimia a mediados o finales de agosto, en nuestra casa, es poco habitual. Cada bodega y, sobre todo, cada variedad tiene sus particularidades, pero la mayoría coinciden en que este año les toca empezar antes de lo previsto.
El expresidente de la DO Pla de Bages y propietario de viñedos Joan Soler explica que ellos todavía no han empezado, pero lo harán la semana que viene con los macabeos. «Las primeras variedades que se vendimiarán este año son las foráneas», mientras que las propias de la región irán un poco más tarde. A pesar de ello, Soler apunta que «vamos mucho más temprano de lo normal. Habitualmente, los macabeos se hacían en octubre, y ahora los estamos haciendo antes de acabar agosto». «Será la vendimia más temprana. Ya venimos de unos años en que se estaba adelantando, pero no tanto». Explica que el adelanto es una tendencia de los últimos años y lo atribuye a «las altas temperaturas». «El calor empieza temprano, en primavera, y hace que el proceso se acelere mucho más».
Las lluvias, aunque «no son perfectas, porque en algún sitio han hecho daño con el granizo» y, además, «han caído muy de golpe», han dado el punto de gracia para acabar de rematar esta vendimia temprana. «Si hubiera llovido cada día, habríamos tenido otro problema», relata Soler. Con estas condiciones, el expresidente espera que la cosecha sea «la mejor de los últimos años, tal vez». «El año pasado ya no tuvimos la sequía, pero la planta todavía estaba muy castigada por años sin lluvia». Este año, el verano seco y las plantas recuperadas han hecho que «tengamos más kilos y una uva más pequeña». Esto, si hablamos de vino, es una noticia más que positiva. «La uva pequeña, para el vino, nos gusta, porque está más concentrada y, por lo tanto, tiene más calidad», expresa. Finalmente, una predicción que suena a deseo: «Si el tiempo nos acompaña, puede ser una muy buena vendimia».
Primeras cosechas
En bodegas como Collbaix y Abadal empezarán justo esta semana, pero eso no quiere decir que no estén a pleno rendimiento desde hace días. «Estamos ultimando los preparativos», explican. Donde sí han empezado ya es en Oller del Mas, que desde el 13 de agosto están recogiendo la primera de las variedades en estar a punto para la vendimia, el sauvignon blanc. El enólogo Carles Muray, director técnico de la bodega, relata que «en mayo no nos esperábamos en absoluto que empezáramos tan temprano», pero «los compañeros, por ejemplo, del Penedès, empezaron a finales de julio, y ya veíamos que no empezaríamos el uno de septiembre, que es lo que acostumbramos a hacer aquí». «Es prácticamente el año que hemos empezado más temprano».
Para medirlo, explica Muray, están pendientes del «grado alcohólico probable y la acidez» en el caso de los blancos, para saber si ya está a punto de ser recogida. Sobre todo la acidez, «ya que una acidez baja hace que el vino no sea tan fresco. Cuando un vino no tiene acidez, se hace pesado». La acidez se degrada, especialmente, con las noches tóridas. «Si hay una o dos, no pasa nada, pero este año hemos tenido muchas». Esto ha acelerado el proceso y ha propiciado este adelanto. «En mayo teníamos agua, llovía y eso hacía que el ciclo de la planta fuera como siempre», asegura el enólogo. Entonces, nada hacía pensar que habría este adelanto. Esto cambió con el calor y la falta de lluvias del verano, que lo ha adelantado todo.
Por otra parte, expresa que «el año pasado acabamos la vendimia muy preocupados», por las lluvias que hubo en septiembre. «Desde 2009, que empezamos a recoger estadísticas, el año pasado fue el septiembre con más lluvias». Estas lluvias poco propicias hacían sufrir, ya que la planta se hincha de agua y eso hace que la uva pueda reventar. «Esto genera que puedan entrar hongos. Tuvimos que correr para acabar la vendimia». Por suerte, el otoño fue climatológicamente bueno para las plantas, e hizo que este año se pueda asegurar una buena vendimia.
Muray explica que la variedad con la que ya han empezado, el sauvignon blanc, supone una pequeña parte de todo lo que tienen, menos de una hectárea. «Está yendo bien. Ahora nos ha llovido, a diferencia de los compañeros del Priorat, el Penedès y el Alt Empordà. Esto hace respirar a la planta». Esto ha hecho que las maduraciones que iban más rápidas, como algunas uvas tintas, ahora hayan ralentizado el ritmo. «Esto puede hacer que se pueda estabilizar», indica. Por este motivo, están muy pendientes de si llueve en los próximos días. «Somos un sector que solo miramos al cielo. Si nos respeta, es más fácil».
Esta semana empezarán con la variedad syrah, que les ocupa cerca de un 30% de la finca, para los vinos tintos. Después ya harán variedades como la garnacha o la cariñena. Las variedades del Bages, como el picapoll negro, la malvasía manresana o el mandó, son las más tardías y todavía tendrán que esperar para ser vendimiadas. «Las foráneas, con un poco de calor ya tienen suficiente. Las de aquí necesitan un periodo más largo».
En cuanto a la predicción, Muray cree que la vendimia será «igual, de números, que el año pasado», con unos 170.000 kilos. «Ahora luchamos no contra hongos, sino contra animales y, a veces, algunos humanos». «Hemos aprendido mucho de la sequía. Estos últimos cuatro años hemos aprendido a base de bofetadas», asegura. «No nos fijábamos en las curvas de nivel o adónde iba el agua cuando llovía. Teníamos el pensamiento antiguo de que el agua se tenía que sacar de la finca, y ahora cuando cae es media vida». Algunas de las acciones que han hecho es no labrar el terreno, dejando una cubierta vegetal, o hacer las plantaciones en curva, «evitas que el agua se escurra. Ayuda a hacer la planta más vital».