El reglamento actual cambiará por sexta vez en 93 años para agilizar la producción del vino con la «situación económica» del sector y el cambio climático en el punto de mira.
La Denominación de Origen Protegida (DOP) de Tarragona prevé reformar parte de su normativa actual para flexibilizarla de cara a las próximas décadas. El Institut Català de la Vinya i el Vi (INCAVI) dio el visto bueno para que la medida saliera a exposición pública el pasado 27 de julio. Desde la DOP tarraconense aseguran que las modificaciones realizadas «están en la fase final para oficializarse» y se espera que «sean las definitivas pronto».
La intención es ofrecer más alternativas a las bodegas interesadas en formar parte del organismo vinícola y «adaptar la DOP a la situación y las dificultades de los próximos años» con el cambio climático y la situación económica del sector como principales retos.
El último pliego de condiciones para entrar o mantenerse en la institución vinícola se aprobó en el año 2005 con motivo de su vinculación con el Gobierno catalán unas cuatro décadas antes. Previamente, sin embargo, la DOP había seguido las normativas establecidas entre 1947 y 1959, cuando se incorporaron diversas variedades de vinos y productos.
Esta representará la sexta modificación del reglamento en sus 93 años de historia, desde que se reconoció la Denominación de Origen con el Estatuto del Vino estatal en el año 1933. Desde la DOP Tarragona también insisten en que las novedades «deben ayudar a la industria y dar una garantía de calidad al consumidor». Destacan también que la actualización prevé «ofrecer más posibilidades» en los próximos años.
En la nueva normativa se mantendrá el vino Brisat, que se había incorporado en el año 2023 tras ser aprobado por la Unión Europea como subtipo de la variedad blanca. También se mantienen la variedad de Xarel·lo vermell y el Espumoso de calidad anunciado en 2021 para reforzar la oferta de la DOP. El resto de modificaciones se centrarán, en su mayor parte, en especificaciones técnicas que esperan agilizar la producción.
Los primeros cambios afectarán al tiempo de espera para comercializar los espumosos. Esta variedad, que no puede venderse antes del primer día de primavera del año siguiente a la vendimia, también deberá cumplir un periodo mínimo de fermentación de nueve meses para salir al mercado. Es decir, si el proceso de fermentación empieza en octubre de 2026, el vino se tendrá que vender en julio del año siguiente y no en marzo (cuando empieza la primavera en 2027).
Respecto al ámbito técnico, las descripciones organolépticas —que hacen referencia al olfato, la vista y el gusto— serán más detalladas a la hora de elaborar los productos. El vino blanco, además, ampliará el abanico de los tonos amarillentos y verdosos a los dorados y con una calidad olfativa enfocada en los gustos como la madera, los ahumados y la fruta madura. En boca, deberán ser «sedosos» y tener «más persistencia». En cuanto a los rosados, la DOP Tarragona concreta los colores entre el rosa pálido y la cereza.
En el caso del tinto, las modificaciones también indican que su producción se definirá en función del envejecimiento. El más joven deberá tener un aspecto «fresco», mientras que el de crianza requerirá «notas de envejecimiento» sin presentar defectos. La mistela, el moscatel o el vino rancio también incorporan, dentro del reglamento, definiciones más exactas basadas en la tonalidad, el aroma o el nivel de alcohol especificado en las nuevas condiciones.
Capacidad máxima
Entre las indicaciones, el nuevo documento actualiza diversas condiciones respecto al envejecimiento de los vinos. En barrica, se establece una nueva capacidad máxima de almacenamiento de 600 litros, en comparación con los 330 anteriores. Estos cambios también se aplicarán al vino conservado en roble. Las etiquetas de las botellas deberán especificar en qué tipo de recipiente ha estado y cuánto tiempo.
El resto de cambios técnicos respecto a la modificación de 2023 tienen que ver con el grado alcohólico de los productos (% vol.), que se establecerá en un mínimo de 9,5 % de graduación volumétrica en los tintos, blancos y rosados.
Tarragona, en el centro
Uno de los objetivos, según indican desde la Denominación de Origen, es aumentar el prestigio y dotar de más importancia a la provincia en la comercialización de los productos. Un ejemplo claro de esta propuesta es el vino de Misa, ya que las nuevas condiciones especifican que deberá cambiar su definición a la hora de ponerse a la venta. En su nombre, se incluirá la frase «vino tradicional elaborado en la Denominación de Origen de Tarragona» y se plantea su clasificación según su contenido en azúcar —desde seco (4 gramos por litro) hasta dulce (45 gramos por litro).
La normativa continuará obligando a incorporar en todas las etiquetas de los productos «con caracteres claros» el nombre de la DOP Tarragona. También será necesario que la palabra «Tarragona» se escriba con mayúsculas y, como novedad, podrá sustituirse la definición «Denominación de Origen Protegida» únicamente por «Denominación de Origen».
Solo queda que los cambios superen el periodo de exposición pública para hacerse efectivos. Sin embargo, desde la DOP no se confirmaron plazos concretos.