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Cuarenta años creciendo a la orilla del Segre

11 de septiembre

La DO Costers del Segre se reivindica con una fiesta que ha conmemorado las cuatro décadas que han pasado desde su fundación

“¡Habéis conseguido vencer la ‘riojitis’!”, arengaba —desde el escenario— Joan Gené, director general del Incavi. Y, de hecho, la fiesta de los 40 años de la DO Costers del Segre ha desprendido un cierto tono de victoria, de reivindicación y de autoestima. El dato fundamental es que los vinos de Ponent ya son la tercera DO catalana en ventas en el mercado interior, un hito que no era de esperar cuando se fundó, hace justo cuarenta años.

La idea era fijar esta percepción de éxito y por eso el marco glamuroso de la terraza de la Llotja, a la orilla del Segre, en una fiesta con Meritxell Falgueras mandando bajo los focos, con un vestido largo y rojo. Y por allí han pasado cuatro décadas de historia de la DO, con los antiguos presidentes —Magí Raventós, Xavier Farré y Tomàs Cusiné— como testigos de continuidad y la institucionalidad leidana al completo, con José Crespín, subdelegado del Gobierno español, Jordi Verdú, en nombre de la Diputación de Lleida y Fèlix Larrosa, paer en cap (alcalde) de la capital. Y ha sido Larrosa el más aplaudido cuando ha expresado el orgullo de los vinos de Ponent y, sobre todo, cuando ha reivindicado “más compromiso por parte de los restauradores del territorio“.

Pero el protagonista de la noche ha sido, obviamente, Isidre Ribalta. El actual presidente de la DO ha reivindicado los vinos de Costers del Segre como la culminación de un trabajo colectivo: “Es momento de agradecer a los viticultores, a las bodegas y a los enólogos porque es en el viñedo y en las bodegas donde nace todo, donde el territorio, el trabajo y la pasión acaban convirtiéndose en los vinos que hoy llevan nuestro nombre por todas partes“.

Viñedos que miran hacia un río y con el Pirineo de fondo
El caso es que la DO Costers del Segre ha conseguido crearse una identidad propia a pesar de ser un mosaico de territorios diferenciales, todos ellos repartidos a lo largo del curso del río. Al fin y al cabo, los vinos de Costers del Segre son, básicamente, lo que pasa cuando pones viñedos en un trozo de Cataluña que no mira hacia el mar, sino hacia la Seu Vella, el río Segre y, de fondo, el Pirineo. Un rompecabezas de siete piezas —Pallars, Segrià, Urgell, Artesa, Raimat, Garrigues y Valls del Riu Corb— con suelos calcáreos, pocas lluvias y un clima continental, con el Mediterráneo lejos, pero presente: mucho calor de día, fresco tirando a frío de noche y contrastes que hacen que la uva madure con nervio. En definitiva, pasados los cuarenta años, la Terra Ferma demuestra madurez.